Dulce drama. Por Flavio Ruiz

Acudes al teatro de mis ojos
sin invitación, tiranizas el escenario,
lo dominas.
En ese auditorio de incontables asientos
soy tu único espectador.

Tu figura acapara mi atención,
la luz del auditorio se ha apagado
y el reflector de mis ojos te encandila.

Te muestras
segura,
feliz,
independiente.
Sobre ese escenario
te desenvuelves sin temor.

No estás
nerviosa,
triste,
ni tampoco preocupada.
Sobre ese escenario
no noto nada en ti de lo que solías ser.

Mis ojos aterrados
ruegan a los párpados por piedad.
Te desuello con la mirada
y me visto con tu piel,
te percibo,
y después recuerdo
que en verdad no te sientes así
pues sólo eres una actriz
en el teatro de mis ojos.

FZ

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