Mala escritura por Flavio Ruiz

Hoy me doy asco, y a su vez, mi asco me da asco; no sé, es raro. No he podido escribir nada digno de mi exigencia y mi hoja parece obra de arte abstracta, sólo tachones desparramados. Tachones que silencian lo que fueron frases mediocres, ordinarias y corrientes.
Cuando hundo con enojo mi pluma sobre esas oraciones frustradas y repugnantes, cubriéndolas con garabatos aleatorios, me aseguro de censurarlas por completo, para que no quede vestigio alguno de mi idiotez.
Me doy pena.

Qué difícil es escribir y tan simple ocultar la mala escritura. ¡Ah!.. Cómo quisiera ser yo como esas frases anodinas, que se vuelven efímeras en mi libreta. Existen por el momento indicado que deben de existir, son fugases; son íntimas, pues solamente su creador las conoce y ellas sólo se dejan despreciar por su creador. Crean un vínculo único. Nacen de la tinta y mueren en su tinta. No son como estas oraciones, eternas e inmortales. ¡Quién puede con la carga de la inmortalidad! Mis más profundas condolencias a todas las líneas inmortalizadas prostituidas infinidad de veces por ojos de los lectores que no se extasían al leerlas.

Cómo quisiera ser efímero, existir tan sólo un momento y que ese momento sea mí eternidad. Ver a los ojos a mi creador y confirmar su desprecio hacia mí. Que tras verlo analizarme, se percate de que soy mala escritura y me borre sin vacilar. Pero que lo admita, que admita que me desprecia; que admita que tiene la omnipotencia para transformarme en mejor escritura -de mostrarse y darme fe incuestionable- y en lugar de eso decidió ahogarme con mi propia tinta. Me hace una criatura de ideas y en mis propias ideas deja que me ahogue.

Me doy pena.

FZ

Diezam por Flavio Ruiz

Son las diez de la mañana y me está llevando la madre. Peleo contra mis párpados a cada segundo. Escucho al maestro, pero no lo escucho, me escucho a mí mismo y él cree que estoy tomando apuntes. Esporádicamente lo volteo a ver y asiento con la cabeza, como si estuviera de acuerdo con él y él me regala una mirada aprobatoria. Desayuné a las 5 de la mañana y tengo hambre. A veces te escucho pero deben de ser alucinaciones causadas por mi insomnio crónico. Debo admitirlo, mover esta pluma me mantiene consciente, de no estarla usando me perdería en la nada y tal vez estaría babeando mi libreta.
Espero no me pregunten nada.

Desde la angosta ventana que tiene la puerta del salón (que estoy muy seguro que imita unos barrotes) te acabo de ver pasar. Creo que escuché tus tacones impactando en el piso y tu risita se coló por debajo de la puerta, haciendo un eco en el pasillo. Tal vez te acordaste de mis pendejadas y por eso reíste, o tal vez te contaron mi desgracia y no pudiste evitar soltar una risa burlona. Tal vez regresas por el mismo pasillo y pasaste frente a la misma puerta, viste la misma ventana angosta por donde yo te vi y me viste escribiendo sin yo que yo lo notara. Tal vez viste mis ojos cansados y las almohadas de mis ojeras te recordaron a las noches que pasamos juntos acostados en el techo de tu casa, sin cobijas ni colchón, solo un par de almohadas. Tal vez viste estas mismas almohadas y supusiste que no dormí en todo el fin de semana, por haber estado de cabrón, evadiéndome a mí mismo. Tal vez lloraste o tal vez ni siquiera te sorprendió, ya me conoces. Tal vez si hubiera escuchado tu llanto hubiera salido a darte un abrazo desesperanzado pero sincero. Tal vez te hubieras derretido entre mis brazos o tal vez tu decepción habría hecho que me cachetearas.

Quién sabe…tal vez ni siquiera me viste por esa ventana, tal vez ni siquiera yo te vi pasar. Tal vez el maestro sabe que su clase hoy no me interesa, tal vez deberías interesarme menos y más la clase. Tal vez lo que escribo no tiene sentido, tal vez nada tiene sentido en realidad, tal vez solo sea el insomnio. Tal vez…la clase terminó, por fin.

 

FZ

Diezam por Flavio Ruiz

Son las diez de la mañana y me está llevando la madre. Peleo contra mis párpados a cada segundo. Escucho al maestro, pero no lo escucho, me escucho a mí mismo y él cree que estoy tomando apuntes. Esporádicamente lo volteo a ver y asiento con la cabeza, como si estuviera de acuerdo con él y el me regala una mirada aprobatoria. Desayuné a las 5 de la mañana y tengo hambre. A veces te escucho pero deben de ser alucinaciones causadas por mi insomnio crónico. Debo admitirlo, mover esta pluma me mantiene consciente, de no estarla usando me perdería en la nada y tal vez estaría babeando mi libreta.
Espero no me pregunten nada.

Desde la angosta ventana que tiene la puerta del salón (que estoy muy seguro que imita unos barrotes) te acabo de ver pasar. Tal vez escuché tus tacones impactando en el piso, tal vez tu risita se coló por debajo de la puerta, haciendo un eco en el pasillo. Tal vez te acordaste de mis pendejadas y por eso reíste, o tal vez te contaron mi desgracia y no pudiste evitar soltar una risa burlona. Tal vez regresas por el mismo pasillo y pasaste frente a la misma puerta, viste la misma ventana angosta por donde yo te vi y me viste escribiendo sin yo que yo lo notara. Tal vez viste mis ojos cansados y las almohadas de mis ojeras te recordaron a las noches que pasamos untos acostados en el techo de tu casa, sin cobijas ni colchón, solo un par de almohadas. Tal vez viste estas mismas almohadas y supusiste que no dormí en todo el fin de semana, por haber estado de cabrón, evadiéndome a mí mismo. Tal vez lloraste o tal vez ni siquiera te sorprendió, ya me conoces. Tal vez si hubiera escuchado tu llanto hubiera salido a darte un abrazo desesperanzado pero sincero. Tal vez te hubieras derretido entre mis brazos o tal vez tu decepción habría hecho que me cachetearas.

Quién sabe…tal vez ni siquiera me viste por esa ventana, tal vez ni siquiera yo te vi pasar. Tal vez el maestro sabe que su clase hoy no me interesa, tal vez deberías interesarme menos y más la clase. Tal vez lo que escribo no tiene sentido, tal vez nada tiene sentido en realidad, tal vez solo sea el insomnio. Tal vez…la clase terminó, por fin.

 

FZ

Dulce drama. Por Flavio Ruiz

Acudes al teatro de mis ojos
sin invitación, tiranizas el escenario,
lo dominas.
En ese auditorio de incontables asientos
soy tu único espectador.

Tu figura acapara mi atención,
la luz del auditorio se ha apagado
y el reflector de mis ojos te encandila.

Te muestras
segura,
feliz,
independiente.
Sobre ese escenario
te desenvuelves sin temor.

No estás
nerviosa,
triste,
ni tampoco preocupada.
Sobre ese escenario
no noto nada en ti de lo que solías ser.

Mis ojos aterrados
ruegan a los párpados por piedad.
Te desuello con la mirada
y me visto con tu piel,
te percibo,
y después recuerdo
que en verdad no te sientes así
pues sólo eres una actriz
en el teatro de mis ojos.

FZ

Soñando despierto 15:03

Se queja y estrella la mano sobre la alarma chillona.
-Puta, odio las mañanas- piensa mientras se despide del agua que se tomó la noche anterior. Sale del baño, la ve dormida sobre su cama con una pierna destapada y un brazo colgando por el costado de la cama. Entre las persianas ya penetra la luz matutina, se acerca a las ventana para cerrarlas y antes de hacerlo alcanza a ver el lunar en su clavícula. En su cara se dibuja una ligera sonrisa ladeada mientras piensa –Cómo amo las mañanas- al mismo tiempo que cierra la persiana.

FZ.